Recientemente, me encontré cubriendo una cena de gala benéfica en Londres. El plato principal de la velada consistía en el discurso de una baronesa, de cuyo nombre no quiero acordarme, muy conocida en el país. La alocución se basaba del típico mensaje motivacional en los círculos de negocios: si trabajas duro y eres persistente lograrás el éxito profesional. Tras grabar ponencias en algunas de las universidades y escuelas de negocios más importantes de Europa, es algo a lo que estoy acostumbrado, y la experiencia me ha enseñado a contemplar este tipo de argumentos con una sana ración de excepticismo y con una abundante dosis de cinismo. 

Normalmente, se basan en un simple estudio de caso personal, que podemos resumir en: te voy contar como triunfe en los negocios para que tú, pobre miserable, puedas algun día aspirar a limpiarme los zapatos. La otra variante más frecuente es la utilizada por charlatanes de todo tipo en la Red que podríamos sublimar en la siguiente genialidad Simpsoniana. “Saludos amigo ¿Desea ser tan feliz como yo? Pues ahora tiene la oportunidad de serlo, aprovéchela y envíe un dólar a: “Hombre Feliz (…)”.

A sabiendas de que tendría que enfentrarme a un evento del primer tipo, no pude evitar documentarme previamente sobre la vida y milagros de la señora, más que nada, por saber si el título nobiliario*, y el CBE detrás del nombre**, eran merecidos. Craso error cometí. Con las primeras frases ya comenzaron a saltar luces de alarma: Con 23 años convenció a su jefe para que comprase un equipo de fútbol y ser nombrada directora general de este.  ¿A quién no le ha pasado? Después de despedir a media plantilla, en una década, consiguió levantar el club fallido y colocarlo en primera división tanto en el campo como a nivel financiero. El secreto, según ella, es lo típica letanía de siempre. Trabajo duro, perseverancia, ambición, creer en tí mismo…

Sin embargo se le olvido mencionar un ingrediente fundamental: Tener un padre inmensamente rico.

La baronesa, como se aseguó de mencionar, comenzó su carrera en la agencia de publicidad Saatchi & Saatchi, con como becaria, a pesar de no haber pisado jamás la Universidad, según ella, porque quería “seguir su propio camino”. Lo que no dijo fue que fue rechazada para realizar un curso de periodismo en el prestigioso Harlow College. También omitió que un año más tarde, entró en la LBC como ejecutiva de cuentas. Casualmente, empezó a gestionar el negocio publicitario de uno de los mayores clientes de su padre, David Sullivan, una de las personas más ricas de Reino Unido***. En poco menos de seis meses, este gasto dos millones de libras en la cuenta. Impresionado con los dotes de la jovencita, en los meses siguientes la ofreció un trabajo: Con 20 primaveras, la baronesa se convirtió en directora en Sports Newspapers (una difunta editorial de periódicos y revistas deportivas).

Lo que viene siendo una carrera de lo más normal. Tres años más tarde, Sullivan compro el équipo y la baronesa, alguien que ha llegado a confesar que el fútbol no le gusta especialmente, se puso al timón. El resto es todo historia, o trabajo duro y capacidad de liderazgo según puntos de vista. Vendieron el équipo, y se hicieron de oro. Repitieron la fórmula con otro club de primera división donde se encuentran actualmente. Ella cosechó fama como consejera de Alan Sugar en el programa de televisión “El Aprendiz”.  Los conservadores la hicieron baronesa de Knightsbridge (barrio Londinense de bien por antonomasia), y desde la Cámara de los Lores ha apoyado sus nefastas políticas. La concedieron un CBE por su contribución a las mujeres en el mundo de los negocios.

Sin embargo, la señora no tuvo ni el detalle, ya sea a través de un oportuno chascarrillo, o de una humilde declaración, de admitir lo obvio: que sus comienzos no habían sido como los de los demas.  Así me hallaba, aguantando de pie el sermón, procurando estar lo más quieto posible, pues la plataforma desde donde grababa temblaba a cada más leve movimiento y esto se transladaba a las dos pantallas gigantes que retransmitían la imagen de la baronesa en directo. Empecé a notar como un cabreo monumental se fraguaba en mi interior. ¡Qué poca vergüenza! ¿Cómo se puede tener la desfachatez de vender el cuento inspiracional del éxito en los negocios reduciendolo al mero discurso de “autoayuda” profesional actual cuando empezaste tu carrera donde otros solo llegan después de años de esfuerzo?  

Uno de los mayores cánceres del sístema económico actual es precisamente este: las élites viven, se reproducen y mueren en sus castillos en el aire, apartados de la realidad por sus cortinas de prejuicios, sus internados exclusivos y los muros de sus urbanizaciones de lujo. Ellos mismos no se dan cuenta de sus privilegios y normalizan su situación adoptando el discurso liberal meritocrático clásico que podemos resumir en: todo lo que tengo me lo he ganado a través de mi esfuerzo, por lo tanto si no estas en mi oposición es que eres un vago, un lerdo, o ambas cosas.  De hecho en una entrevista con el diario The Guardian, nuestra baronesa, llego a decir: “Nadie me dió una ayuda a la vivienda, nadie me dio un abono ferroviario gratuito, nada me dio dinero para un traje, nadie me dio nada.” A lo mejor un traje no pero… ¿Alguien ha dicho un équipo de fútbol?

El discurso individualista neoliberal moderno, que antepone como primacía absoluta el éxito profesional, construido sobre los valores laborales clásicos como el esfuerzo y la perseverancia, y aderezado con las nuevas teorias modernas del emprendimiento (o entrepreneurship,que asi queda mucho más cool), hablando en plata, es una gran mierda. Constituye la mayor falacia desde “la Mano Invisible” de Adam Smith. La razón principal es que este discurso no tiene en consideración las desigualdades presentes en nuestra sociedad y trata la meritocracia no como aspiración absoluta sino como una realidad existente. Un mundo ficticio donde lo único que te separa de tu meta eres tú.  Me gustaría ver a la baronesa haciendo soltando el mismo rollo en en un pueblo en Haití, o mismamente en un suburbio pobre de Birmingham, donde además podría intentar justificar las políticas sobre los recortes sociales que apoya en los Lores. “Teneis que salir de vuestra zona de comfort” podría arengar.    

Lamento ser un aguafiestas, si habeis nacido pobres, lo más seguro, y las estadísticas son claras, es que muráis pobres por más libros de “autoayuda” profesional que leáis o por más charlas TED que veáis. De hecho, y por como van las cosas, nuestra generación puede que nunca alzance la calidad de vida que tuvieron nuestros padres. La clara diferencia es que nuestro espíritu emprendedor, nuestra motivación y nuestro esfuerzo nos llevarán, a lo sumo, a crear nuestra pequeña empresa mientras que hay gente a la que le van a regalar un équipo de fútbol, y morirá pensando que eso es lo normal. Vivirá con la cabeza alta pensando que todo lo que tiene se lo ha ganado, mientras que su jardinero, esta donde esta porque no se esforzó lo suficiente.

Cuando acabó la conferencia, me pasé por la mesas, donde varias personas me comentaron lo sugerente y conmovedor que había sido el discurso. Una alocución que no podemos distribuir pues es la misma que da en todo este tipo de ocasiones a cambio de una suma nada desdeñable. No os preocupeis todavía podeis comprar uno de sus libros, donde os explicará su secreto y os dirá que la clave del éxito es trabajar más.

*En el caso que nos ocupa, el título nobiliario no vino por herencia, sino que fue obtenido después de que la persona en cuestión pasase a formar parte de la Cámara de los Lores (equivalente a grandes rasgos a nuestro senado), por el partido conservador. En Reino Unido, cuando un partido político te nombra senador/a, el cargo viene envuelto en un título nobiliario, comunmente barón/esa. Para conseguir semejante honor, normalmente uno debe haber alcanzado un estatus relevante en algún campo o profesión específica, o simplemente conseguir el favor de padrinos políticos poderosos. El título de barón no es hereditario.

** CBE (Commander of the Most Excellent Order of the British Empire, o Comandante de la Excelentísima Orden del Imperio Británico) es una condecoración otorgada a una persona, por la Reina, por su contribución y servicios a la comunidad en áreas como las artes, la educación o la beneficencia. Se trata de un nombramiento que indica la inclusion en una Orden de Caballería, en la que también se encuadran los más conocidos rangos de “Caballero” y “Dama”, y no de un título nobiliario. No son, por tanto, hereditarios.

*** Es reseñable que David Sullivan construyó gran parte de su fortuna en el sector de la pornografía.