Vox Vistalegre

“La Reconquista comienza en Andalucía”. Nadie se esperaba que las elecciones en una pequeña región del sur de Europa tuviesen un eco tan transcendental. La frase, una de las utilizadas en la campaña de Vox, fue retuiteada recientemente por David Blake, el antiguo líder del Ku Klux Klan, que junto con otros referentes del submundo de la ultraderecha como Marine Le Pen, se apresuraron a felicitar a Santiago Abascal.   

Ni siquiera él mismo se esperaba cosechar 12 escaños, y menos en una comunidad como Andalucía. En la izquierda, y en este artículo cuando digo izquierda, me refiero a la de verdad, y no al PSOE, lo de siempre: Poca o nula autocrítica, y pocos análisis serios más allá del plano electoral. En las redes sociales, más de lo mismo, mientras unos se cuelgan medallas, en el otro bando, como un mecanismo bien engrasado, se difunde una letanía que resumir en los siguientes puntos: “la gente no sabe votar”, “gracias andaluces por dejar entrar a los fascistas”, y, por último, el eterno mantra izquierdista; “la culpa de todo la tiene la izquierda”.

Sin embargo pocos se hacen las preguntas adecuadas. ¿Cómo hemos llegado a esta situación? ¿De dónde narices salen tantos? ¿Dónde están tus dragones ahora, Teresa?

La razón del ascenso mundial de la ultraderecha que algunos venimos pronosticando desde hace lustros es muy sencilla: La gente está realmente harta.

A los de mi generación se nos prometió “el oro y el moro”. Se nos dijo que si estudiábamos, si nos formábamos adecuadamente y trabajábamos duro tendríamos una buena vida; una vida como la que tuvieron nuestros padres. Una casa grande en las afueras, un trabajo estable bien pagado, un par de niños preciosos y una pensión decente con la cual disfrutar de nuestra vejez. Sin embargo mucha gente se esta despertando del sueño: Nos prometieron una mentira. A pesar de los largos años de estudio, cursos o formación profesional, o después de haber sobrevivido años en curros malpagados, llegamos a la treintena con un trabajo denigrante y mileurista, alquilando una casa que cuesta una fortuna o viviendo todavía en casa de nuestros padres; de pareja mejor no hablamos. La pensión es algo quimérico.  Los afortunados que consiguieron tener hijos compaginan jornadas tortuosas cual malabaristas cirsenses, o miran con recelo el recibo de la luz. Se estima que a un 58% de los españoles les cuesta llegara fin de mes.

Por si fuera poco, la desigualdad cada vez es mayor: Los ricos son cada vez más ricos y la trabajadores cada vez más pobres. Vivimos una de las peores crisis ecónomicas desde el crack del 29, y mientras que se nos exigió sacrificios ya usteridad, nos toco rescatar a los bancos y seguir pagando abultados bonus a directivos obsesionados por reducir las plantillas. La gota que colmo el vaso fue descubrir como nuestros líderes nos habían estado robando a espuertas durante décadas, y asistir como la mayoría de ellos quedaron impunes gracias a la connivencia de  jueces a los que ellos mismos habían puesto a dedo. Estalló el 15M, lasprotestas contra la austeridad en Grecia, el movimiento ‘Ocuppy’, la Primavera Árabe y otras corrientes que tenían en común una máxima: el deseo de cambio.  La gente había tenido bastante.

La rabia sacó a millones de personas a la calle, ciudadanos que sentían que el sistema económico, político y social actual les había fallado. Parecía que se avecinaba una auntentica revolución, que la energía que bullía por todas partes iba a culminar en algo grandioso. Sin embargo, los poderes fácticos, alarmados, comenzarón abuscar maneras de detener la marea y canalizar ese enfado colectivo en su provecho. En España lo primero que hicieron fue atacar sistemáticamente a los que se habían autoproclamado los representantes políticos de este movimiento. Los medios de comunicación comenzaron una campaña masiva contra sus miembros, y se “manufacturó” la figura del “Ogro Pablo Iglesias”, personaje semimitológico, que, cual Goldstein orwelliano, encarna todo lo que representa la “antiespañolidad” y, por lo tanto, debe ser odiado simplemente por el hecho de existir. Indiscutiblemente, él mismo ha contribuido de manera decisiva a su ascenso y caida, pero, es innegable, que el nivel de histeria colectiva creada alreador de su figura tuvo como único proposito desligitimar el movimiento y las propuestas que apoyaba buena parte de la población. La forja de un claro enemigo contra el que luchar, un cabeza de turco adecuado, tiene además un elemento unificador importante.

En paralelo se intento criminalizar a los indignados para acallar las protestas: Nació la Ley Mordaza. Tuiteros, raperos y titiriteros se convirtieron en enemigos del Estado mientras que los verdaderos criminales se paseaban tranquilamente por Ginebra con la seguridad pagada de nuestro bolsillo.

Claro está, estas medidas no hicieron nada para acabar con el descontento de la población, que, a pesar de los cánticos clamando el fin de la crisis, no veía ninguna mejora en sus condiciones de vida. Se estableció un clima de desonfianza general en el sistema político y de su nido de corruptelas: Comenzó “la edad de oro del populismo”. Le Pen, Trump, Salvini, Viktor Orban, Kaczyński, Bolsonaro, el comienzo del Brexit en Reino Unido… ¿Qué tienen en común? Son el producto del voto de protesta contra lo establecido, del enfado de la gente, del hartazgo y el hastío de una sociedad que lo que realmente pide a gritos es un cambio en el modelo económico; una vida mejor.

Los “mesías” como Bolsonaro, o Abascal simplemente están usando el descontento de la población para conseguir el poder utilizando estrategías de manipulación clásicas: la exaltación del nacionalismo y la creación del “otro”, del enemigo de la patria; el uso maniqueo del discurso del odio y xenófobo, la difusión de noticias falsas y la intoxicación mediática.  

En España el ejemplo es claro. La campaña del partido de Abascal, y de la derecha en general, se centra en tres pilares, que, a su vez, constituyen los enemigos de la patria a abatir: Cataluña, la inmigración, y el feminismo. El objetivo es convencer a la población de que la culpa de sus males, sean cuales sean, tiene que ver con alguna de estas cuestiones, o mejor aún, con todas ellas.  ¿Me quitan las ayudas sociales? Eso es culpa de los inmigrantes que, como todo el mundo sabe, les dan pisos gratis y solo vienen a chupar del bote.  ¿Mi pareja tiene una vida social mejor que la mía o / y gana más dinero que yo? Eso es culpa del feminismo.

El “problema catalán” es el paradigma por antonomasia de lo que la derecha es capaz de hacer para aprovecharse de larabia presente en la sociedad con fines puramente electoralistas. Remontaros simplemente a 2011, y acordaos de como estaban las cosas. Mirad como estan ahora. La diferencia: 7 años de gobierno de Rajoy. Si la, supuestamente, “derecha moderada” de lospopulares no ha tenido el más mínimo reparo a la hora de enfrentar a los españoles entre sí y aumentar los níveles de odio y crispación hasta níveles nunca vistos, imaginaos lo de lo que es capaz la ultraderecha. 

A pesar de que Cataluña reune las condiciones para ser la cabeza de turco perfecta, pues además, estimula la exaltación del sentimiento nacionalista y la defensa de la patria “ante el enemigo común”, Ciudadanos es la cara más clara del moviento antiindependentista. Por tanto, el partido de Abascal tenía que recurrir a otro motivo de “malestar” entre la población para conseguir votos: la inmigración y la islamofobia. La explotación del miedo al otro, a lo extraño, es la estrategía clásica de la ultraderecha. Mientras que en otros países, los refugiados se convirtieron “en los judios alemanes” del siglo XXI, y políticos como Salvini, Viktor Orban, o Geert Wilders han hecho uso de esta herramienta para lograr el poder, en España practicamente era un asunto olvidado. Lejos estabanlos años de la bonanza ecónomica y las pateras. Lejos, geograficamente hablando, quedaba Siria y la crisis de refugiados a los que nuestro país dió la espalda. Olvidados se hallaban ya el 11M y la amenaza del terrorismo islamista en la sociedad. Sin embargo el tema tenía que volver a la agenda política y a la actualidad mediática. Así, la derecha volvío a convertir la inmigración “El problema” y al musulmán en el enemigo.    

Sin embargo, necesitaban algo más, un arma para desacreditar a sus rivales políticos y sus propuestas sociales: el temor al espectro del comunismo. Parece sorprendente que en España, un país donde la única vez que los comunistas tuvieron algo de poder real fue tras el Triunfo del Frente Popular en 1936* el comunismo siga inspirando semejante terror.

Solo se puede entender si comprendemos que el “Comunismo” en nuestro país no es más que otra construcción social de la derecha que se remonta a los años del Franquismo y La Guerra Fría, un “cajón de sastre” donde meter a toda la izquierda, y en definitiva, a todo el que tenga una ideología política diferente. Leyendo a los medios de comunicación ultraconservadores, hoy día uno puede llegar a caer en el absurdo más absoluto ¿El PSOE comunista? ¡Acabáramos!  De ahí la creación de la figura del “Ogro Pablo Iglesias”, de ahí las continuas menciones a Venezuela, a Irán y todo el imaginario construido aldedor de los “comunistas come niños” que arruinaran el país, que como todo el mundo sabe, la derecha hadejado de punta en blanco. Atacar al feminismo no es más que otra de las ramificaciones de esa estrategia, tras años de obsesión de la izquierda global con respecto a las políticas identitarias.

Como decía Goebbels: “Una mentira repetida mil veces se convierte en verdad”. Esta máxima representa muy bien la actualidad en España y, a nivelgeneral, en el resto del mundo occidental: de tanto echar la culpa del malestar de la población, en “los enemigos del estado” descritos anteriormente, al final nos lo hemos acabado creyéndolo. Como dijo el alcalde de Sedella en su reciente carta abierta, no es que los vecinos se hayan vuelto “fachas” de repente. Es el producto de una estrategia política y mediática en la que llevan trabajando décadas. Es, además el resultado de una izquierda que ha perdido el norte, que no sabe como responder a las demandas de una población que lleva años anhelando un cambio. Pero este asunto da para ríos de tinta así que lo dejaré para otro artículo…

Ahora, parate a pensar un momento. ¿Cómo va a mejorar nuestro país con las políticas que la derecha propone? ¿Deportar inmigrantes en masa va a hacer que me suban mi salarío mileurista? ¿Criminalizar el feminismo va hacer que baje la factura de la luz?  ¿Acabar con las autonomías va a mejorar la sanidad pública? ¿Una persona como Abascal, que lleva años viviendo del cuento, “chupando de la teta” de Esperanza Aguirre y del mismo estado de las autonomías que dice despreciar, va a ser el artifice de la regeneración? ¿Acaso Hitler dejó a Alemania en un lugar mejor?

No nos engañemos, estos fascistas solo van a seguir aplicando las mismas políticas neoliberales que nos han llevado a la situación actual. Mira quienes son sus asesores económicos. La proxima vez que la rabia te embargue, cuando intenten explotar tu odio, respira hondo, piensa en quienes se están beneficiando de ello.  Valora si quieres acabar como los británicos, que tras una campaña plagada de mentiras y falsas promesas van despertando poco a poco de su error. Ellos no son tan diferentes a nosotros. También les han engañado utilizando las mismas armas, para creer enque la culpa de la perdida de su poder adquisitivo era la inmigración. También votaron en contra de lo establecido, del sistema capitalista que nos ha fallado a todos. Ahora miran la sima que se ha abierto a sus pies, los años de inestabilidad política y crisis económica que tienen delante, la división social que han creado…

Nosotros aún estamos a tiempo.  



* Por si fuera poco los diputados del PCE siempre coparon los últimos lugares en las listas electorales del Frente Popular, consiguiendo 17 diputados, mientras que, por ejemplo Esquerra Republicana de Catalunya obtuvo 22, y el PSOE 99),
 


About the author

Leave a Reply

Your email address will not be published.

You may use these HTML tags and attributes: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>